Entre referencias a Tolkien y una lluvia interminable de memes que proclaman a León XIV como el nuevo líder de una ficticia —pareciera que por ahora— guerra contra las máquinas, el Pontífice nos llama a ser parte de una serie de reflexiones sobre cómo el acelerado avance de la inteligencia artificial y el entorno digital nos sitúan frente a una encrucijada histórica.

El Papa León XIV ha lanzado ya su primera Encíclica, y para sorpresa de muchos se estrena abanderando una reflexión sobre la irrupción de la IA y los algoritmos que han plagado nuestra cotidianidad, y abordando también un presente que hasta hace algunas décadas se consideraría una distopía propia de Hollywood, omitiendo claro está, esas estéticas brutalistas y cyberpunk, muy propias de los futuros que, imaginamos, serán regidos por máquinas.

En Magnifica Humanitas, Leon XIV nos advierte sobre cómo hoy la humanidad se encuentra en un momento de la historia en el que elegir entre levantar una nueva «torre de Babel tecnocrática» o edificar una ciudad —un mundo— en donde Dios y la humanidad habiten juntos («Magnifica Humanitas», n. 1). Para la Amazonía, esta advertencia no es una abstracción teórica, se vuelve más bien una amenaza palpable que se traduce en nuevas formas de colonialismo, formas que hoy se reflejan en el saqueo de minerales y recursos estratégicos y la imposición de una cultura global de la inmediatez. Frente a este escenario, donde el poder tecnológico amenaza con mercantilizar la vida y los territorios, la educación se erige como nuestro principal frente de resistencia y esperanza.

Una alianza educativa para la era digital

A través de varias sesiones de nuestra Cátedra Cardenal Claudio Hummes hemos atestiguado y escuchado cómo en la Amazonía se viven ciclos de vida propios. La sabiduría ancestral que ahí habita exige paciencia, escucha y observación profunda. Es justamente este ritmo vital el que choca frontalmente con lo que el Papa nos advierte en el 139 de la Carta Encíclica cuando nos abre la pregunta: ¿Qué espacio está teniendo la reflexión sobre el impacto del entorno digital en nuestra cotidianidad?

La sobreestimulación constante, marcada y visible en el infinite scrolling que se ha introducido en muchas redes sociales que ahora nos sugieren el contenido que nos puede gustar a través de pestañas llamadas «Para ti» está engendrando una nueva cultura que cada día se normaliza más en nuestras vidas: la de la inmediatez. Y vivir a través de esta inmediatez está alimentando constantemente «el cansancio, el aburrimiento y la apatía ante el esfuerzo que supone buscar la verdad», («Magnifica Humanitas», n. 139).

Esta apatía no es inofensiva, es, de hecho, el terreno más fértil para el extractivismo. Cuando las nuevas generaciones son absorbidas por la inmediatez tecnológica, se adormece el espíritu crítico necesario para cuestionar la devastación ecológica y la injusticia social. Desde el Programa Universitario Amazónico (PUAM), nos preocupa especialmente el impacto de estas tecnologías en comunidades donde el debate sobre su uso sigue siendo limitado o inexistente, y donde la incorporación al entorno digital ocurre sin procesos de acompañamiento ni formación crítica. En estos contextos, los algoritmos y la inteligencia artificial además de mediar el acceso a información pueden incidir en las formas de organización, decisión y autocomprensión colectiva, sin que sus efectos sean plenamente comprendidos. Al mismo tiempo, diversas experiencias muestran que, cuando son contextualizadas y desarrolladas desde las propias comunidades, estas tecnologías pueden contribuir a resolver problemáticas locales históricas —como el acceso a servicios, información o planificación territorial— y generar beneficios comunitarios. Frente a este escenario nos planteamos la necesidad de un enfoque que advierta de los riesgos psicológicos, sociales, educativos y culturales («Magnifica Humanitas», n. 141) y que promueva, también, las condiciones para el uso situado, crítico y pertinente de estas tecnologías en la Amazonía.

Es justamente en este nuevo escenario mundial en donde nuestra labor cobra un sentido de urgencia. Nuestra labor educativa busca funcionar como uno de los antídotos contra esta desconexión. Educar en la Amazonía hoy exige desacelerar, recuperar la capacidad de asombro y cultivar espacios donde los estudiantes estén dispuestos a asumir eso a lo que el Papa nos invita que es el «esfuerzo de buscar la verdad». Solo así podremos formar líderes y lideresas que busquen generar cambios, transformación e incidencia social, no como consumidores de información, sino como defensores activos de su cultura y su biodiversidad.

El desafío para lograr esta transformación radica en repensar el modelo educativo que durante décadas se ha normalizado e implantado en las urbes y en las periferias, sin entender realmente las dinámicas de ellas. Y es que no podemos dejar de reconocer cómo este paradigma tecnocrático que estamos habitando, está amenazando con reducir las universidades a meras fábricas de técnicos funcionales llevados hacia un mercado global que, con frecuencia, perpetúa la explotación de nuestra Casa Común. Frente a esta visión mercantilista, el Papa León XIV nos ofrece una brújula clarísima en el numeral 143 de la Encíclica, al recordar que los centros de estudio deben ser, ante todo, «el lugar donde las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse el sentido de la vida y la dignidad de cada persona».

En el contexto amazónico, cuestionarse sobre el sentido de la vida es inseparable del cuidado del territorio, y defender la dignidad humana implica, ineludiblemente, la defensa de los derechos de los pueblos originarios y las comunidades locales frente al extractivismo y las nuevas formas de colonialismo, que hoy también es tecnológico. PUAM no busca formar sujetos como engranajes acríticos para la maquinaria de la inmediatez, nuestro objetivo es gestar comunidades de aprendizaje donde el amor por la verdad se traduzca en proyectos de vida que respeten el territorio, la selva y la vida, y que, sobre todo, promuevan una ecología verdaderamente integral, como en su momento nos insistía Francisco y al modo del Reino.

Desde el Programa Universitario Amazónico (PUAM), asumimos el llamado del Pontífice a consolidar una verdadera alianza educativa para la era digital, una alianza que recupere el pensamiento crítico, que defienda la dignidad de nuestros pueblos e impulse a las nuevas generaciones a construir un presente y un futuro cimentados en la justicia ecológica y social.

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