En este 22 de abril, cuando el mundo detiene su marcha para reflexionar sobre la salud de nuestra Casa Común, el Programa Universitario Amazónico (PUAM) reafirma su compromiso con un territorio que no es solo un pulmón para la humanidad, sino un hogar sagrado de saberes milenarios. Para quienes somos parte de este equipo, el Día de la Tierra no es una fecha de conmemoración pasiva, es una oportunidad para evidenciar cómo la educación superior puede y debe ser el motor de una transformación socioambiental profunda que proteja la vida en todas sus formas.
Nuestra labor se inspira profundamente en el concepto de Ecología Integral propuesto en la encíclica Laudato Si’. Entendemos que el cuidado de la naturaleza es inseparable de la justicia para los pueblos que la habitan. No se puede proteger el bosque sin proteger la cultura, los derechos y la dignidad de quienes lo han custodiado por generaciones. Por ello, el PUAM ha asumido el desafío de promover y diseñar programas que integran a la academia con la realidad social, buscando sanar tanto el grito de la tierra como el grito de los más vulnerables.
En el marco de la exhortación Querida Amazonía, trabajamos por un modelo pedagógico que recorre y camina el territorio y que huele a selva. Nuestro acompañamiento a las comunidades busca fortalecer el arraigo de quienes habitan a la Amazonía, ofreciéndoles una formación de calidad que no les obligue a abandonar sus raíces para acceder al conocimiento, sino que les brinde las herramientas académicas necesarias para defender su hogar desde la ciencia y la conciencia.
En un mundo dominado por el paradigma tecnocrático del cual nos advirtió el Papa Francisco en Laudate Deum, el PUAM propone un diálogo de saberes honesto. Aquí, la academia no llega a enseñar desde una posición de superioridad, sino a aprender en conjunto, reconociendo que la sabiduría ancestral es ciencia viva indispensable para la supervivencia del planeta.
El modelo propuesto por el PUAM no se limita a la teoría de aula, se traduce en gestión comunitaria. Quienes ya se están involucrando en nuestros procesos de formación, tanto en programas piloto como en la iniciativa Fratelis Amazonía, no son receptores pasivos de información, sino líderes que promoverán, desde sus comunidades, procesos de defensa y protección de su territorio. Al fortalecer los liderazgos amazónicos, estamos garantizando que el bioma tenga defensores capacitados para enfrentar los desafíos climáticos del siglo XXI con una perspectiva integral.
Desde el PUAM estamos convencidos de que la defensa de la vida de la Amazonía y, por ende, del equilibrio climático global depende de procesos educativos que honren el territorio. Soñamos y trabajamos bajo esa premisa.
Sobre la autora
Greicy Ramírez Aldana es estudiante de Comunicación Social y colabora como pasante de comunicaciones en el PUAM. Su labor nace de una opción profunda por la Amazonía, los Llanos Orientales y la Orinoquía, regiones donde trabaja activamente con el Movimiento Laudato Si’ para transformar la teoría ambiental en acciones de vida.
Greicy es habitante amazónica en el piedemonte del Caquetá en donde siente el pulso de la selva. Para ella este 22 de abril no es una fecha de calendario, sino un grito de resistencia desde el territorio. «Este día es vital porque reafirma que nuestra identidad no es algo que se estudia, sino algo que se defiende. Mi sueño es consolidar una educación que huela a selva, donde los jóvenes no tengamos que migrar para ser profesionales, sino que podamos sanar nuestra Casa Común desde el conocimiento local. Siento que cada palabra que escribo y cada proyecto que acompaño es una semilla para que la Amazonía sea entendida no como un recurso, sino como la vida misma que nos sostiene desde mi marca personal Greicy, la chica del Caquetá».









