Mejorar continuamente condiciones de vida es una aspiración común y legítima de todos los pueblos, pero ¿qué caminos se pueden tomar para lograrlo? ¿qué entendemos por calidad de vida?, ¿qué características tiene ese futuro común deseado? Estas preguntas, y muchas más, son necesarias responderlas para organizar y priorizar en conjunto esas acciones que permitan a los pueblos avanzar hacia futuros compartidos deseados.
Esa labor socio-organizativa, para priorizar y emprender acciones, es entendida como política. Partiendo de la propuesta conceptual aristotélica, en su obra titulada Política, Aristóteles propone que la política es la ciencia que organiza a la sociedad para lograr la felicidad y el bien común, y además agrega que, como individuos, toda persona solo puede realizarse plenamente viviendo en una comunidad política ordenada. Esto plantea retos formidables, donde la participación ciudadana y protagónica cobra relevancia para responder a las necesidades presentes, tomando aprendizajes del pasado y orientando metas al futuro.
Es aquí cuando la alfabetización política toma importancia, para facilitar herramientas con que los pueblos y colectividades puedan transformar sus realidades, orientándose al bien común. Estrategias educacionales que involucren a diversos actores e incentiven la participación ciudadana que responda a solucionar problemáticas locales con objetivos que construyan bienestar común.
Como aproximación, presentamos lo expuesto en la guía La Incidencia Política en Cáritas[1], publicada por Cáritas Española (2017), donde se expone la incidencia política como el proceso para mejorar las realidades de personas, desde su acceso y garantía de los derechos humanos, trabajando en las causas que generan injusticia y desigualdad. De aquí se destaca que se trata de un proceso, que busca atacar causas de problemas, esto es fundamental para comprender lo que sigue a continuación.
La formación popular al servicio de la participación ciudadana
La formación continua es una característica que ha contado con especial atención en los procesos populares de incidencia política, mediante metodologías que permiten a comunidades vulnerables o vulneradas, construir estrategias de defensa y promoción de derechos humanos y de la naturaleza.

En metodologías populares para alfabetizar políticamente a la ciudadanía existe una palabra capital: territorialidad. Partir del repaso al territorio, permite reconocer colectivamente debilidades y potencialidades, así como a observar problemáticas y reflexionar en futuros comunes deseados.
Para incidir políticamente y lograr cambios en políticas públicas o en leyes, es necesario conocer cuales son los deberes y derechos que se tienen como ciudadanía. Para ello no se necesita ser un profesional de ciencias jurídicas, pero sí estar involucrado activamente en procesos de participación y de decisiones colectivas. Como referencia, en Cáritas Ecuador se implementó entre 2013 y 2025 la Escuela de Identidad Territorial e Incidencia Sociopolítica[2], con una metodología que contó con tres fases una primera fase formativa y de línea base donde se implementaban cinco módulos divididos de la siguiente manera; 1) Desarrollo Territorial y Buen Vivir, 2) Organización y Estructura del Estado, 3) Gestión y Planificación Local, 4) Participación Ciudadana y Mecanismos de Control, y 5) Metodologías para la Incidencia; y se construía una línea base de problemática local. Con estos insumos, en la segunda fase se construía una estrategia de incidencia política local; para seguir en la tercera fase con la implementación de dicho plan.
Esta es una experiencia emblemática de cómo la educación puede estar al servicio de la participación ciudadana, a escala local en comunidades específicas. Sin embargo, las propuestas formativas pueden tener diferentes capilaridades en el tejido social, es así que la Escuela para la Promoción, Defensa y Exigibilidad de DDHH de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) cuenta con una metodología internacional para que la incidencia política pueda darse en espacios internacionales. Con tres fases, donde la primera formativa presencial asisten delegaciones de cada país y reciben formación en los cuatro módulos 1) realidad panamazónica, 2) documentación de casos, 3) mecanismos regionales y universales de exigencia de DDDH, y 4) Estrategias para la incidencia internacional. Para continuar una segunda fase de documentación del caso y replica en cada territorio y continuar la tercera fase de implementar la estrategia en espacios de incidencia internacional priorizados.

Son dos ejemplos emblemáticos donde la educación incentiva la participación ciudadana con objetivos establecidos, fortaleciendo tejido social en los territorios y con aprendizajes en su implementación, se recogen experiencias para mejorar continuamente.
La participación ciudadana desde las periferias
En las periferias es donde suele haber más pobrezas, donde suelen estar las personas excluidas. En la encíclica Laudato Sí, el Papa Francisco advierte que el sistema contemporáneo impone una cultural del descarte, descartando naturaleza y personas destinándolos a territorios sacrificados periféricos. Es por ello que es ahí donde estas propuestas educadoras-emancipadoras deben ser implementadas, dando herramientas que permitan transformar realidades para el bienestar común.
El movimiento de educación popular Fe y Alegría, tiene una frase que resumen muy bien la necesidad de estar en las periferias “Fe y Alegría empieza donde termina el asfalto”, lo sintetiza la vocación de estar en los lugares más alejados, que suelen ser también los más empobrecidos. Al ser un fenómeno multidimensional, la pobreza requiere de respuestas multidimensionales también, donde la educación juega un rol preponderante para evitar que la pobreza se siga reproduciendo en un círculo vicioso, y más aún la organización social para la incidencia política y así tener las capacidades para mejorar condiciones de vida.
Desafíos para la esperanza
Estas propuestas formativas para la incidencia política, son parte de un ecosistema mayor de propuestas de formación continua, con sus propias fortalezas y debilidades, siendo la prioridad ser catalizador de procesos sociales y contribuir así al tejido social, se identifican algunos desafíos que pueden mejorar el impacto de estas propuestas formativas:
- Articular procesos formativos con procesos sociales de exigencia de derechos, que permitan enriquecerse mutuamente.
- Trazar líneas de acción ambiciosas a largo plazo, combinadas con acciones locales en el corto y mediano plazo.
- Reconocer proceso formativo en instituciones de educación superior, ya que las personas que participan valoran el diploma académico como parte de su crecimiento personal.
- Concatenar diferentes procesos formativos para el crecimiento y abarcar más áreas de conocimientos. Es el caso de formación en incidencia política, con otros procesos como de derechos de la naturaleza, alternativas sustentables, etc.
- Implementar periódicamente el proceso formativo con nuevas cohortes, de manera que se pueda trabajar continuamente con nuevas generaciones.
Por último, más allá de los extraordinarios desafíos que afrontan las democracias en américa latina, y más específicamente en la Amazonía, con la expansión del extractivismo y el socavamiento de estructuras democráticas y de control social, en favor de oligarquías poderosas, estos son tiempo para involucrarse en asuntos públicos, y recordando lo planteado por Aristóteles, donde las personas son animales políticos que solo alcanzan la felicidad y desarrollo pleno individual en la medida que vive y se involucra con su comunidad, lo que convierte en una necesidad natural implicarse en asuntos públicos para así contribuir al bienestar común.
[1] Guía publicada en 2017 por Cáritas Española laincidenciapoliticaencaritas.pdf
[2] Publicación tomada de Cáritas Ecuador Incidencia Política
Escrito por Héctor Pérez, asistente de investigación en The Kings’s University (Canadá) y doctorante en la USAL (Argentina).




