Desde la comunidad de Kali Kali, Eloy Gualinga reflexiona sobre la identidad del pueblo Kichwa de Sarayaku, la transmisión de los conocimientos ancestrales, la defensa del territorio y la importancia de formar a nuevas generaciones en derechos humanos.
Eloy Gualinga tiene 41 años y vive en Kali Kali, uno de los siete centros comunitarios que conforman el territorio del pueblo Kichwa de Sarayaku, en la provincia ecuatoriana de Pastaza. Su comunidad se encuentra junto a un río de aguas cristalinas, en un territorio donde la vida cotidiana, la organización colectiva y la identidad cultural están profundamente vinculadas con la selva.
Sarayaku se encuentra aproximadamente a 60 kilómetros al sureste de Puyo y cuenta con alrededor de 1.500 habitantes, distribuidos entre Kali Kali, Sarayakillu, Chuntayaku, Shiwakucha, Puma, Kushillu Urku y Mawka Llakta. Su historia de resistencia lo ha convertido en un referente internacional de la defensa de los derechos de los pueblos indígenas y de sus territorios frente a las actividades extractivas.
Exdirigente de Educación de Sarayaku, Eloy habla con orgullo de su pertenencia a un pueblo con historia, cultura y territorio propios. Para él, ser parte de Sarayaku también implica respetar a los mayores y asumir la responsabilidad de proteger la selva para las futuras generaciones.
Esa responsabilidad atraviesa su visión de la educación. Sarayaku busca que los conocimientos de sus mayores y su identidad cultural dialoguen con otras herramientas educativas, de manera que las nuevas generaciones puedan formarse sin alejarse de sus raíces. Esta aspiración ha acompañado también el trabajo desarrollado junto con el Programa Universitario Amazónico, PUAM, que propone construir procesos educativos desde las necesidades, experiencias y expectativas de los pueblos amazónicos.

En esta entrevista, realizada en el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, Eloy comparte su visión sobre el territorio, el Kawsak Sacha o Selva Viviente, el papel de la juventud y los aprendizajes que dejó el curso piloto de Derechos Humanos desarrollado en Sarayaku.
Para quienes aún no conocen su historia, ¿quién es Eloy Gualinga y qué significa para usted ser parte del pueblo Kichwa de Sarayaku?
Soy exdirigente de Educación del pueblo de Sarayaku, tengo 41 años y vivo en la comunidad de Kali Kali, junto a un río cristalino.
Me siento orgulloso de pertenecer a un pueblo con una historia, una cultura y un territorio propios. Ser parte de Sarayaku representa identidad, respeto por los mayores y responsabilidad con la defensa del territorio para las futuras generaciones.
El pueblo de Sarayaku tiene como misión desarrollar acciones y programas basados en las prácticas y los conocimientos del Sumak Allpa, que significa tierra fértil y sana; del Runakuna Kawsay, entendido como la vida del pueblo; y del Sacha Runa Yachay, el conocimiento y la sabiduría de los pueblos de la selva.
Estos principios orientan la administración y la gestión del territorio, así como el ejercicio del gobierno autónomo del pueblo originario Kichwa de Sarayaku. Buscamos asegurar el Sumak Kawsay, la vida en armonía, y la permanencia del Kawsak Sacha, la Selva Viviente.
¿Cuáles son las enseñanzas más importantes que ha recibido de su comunidad y de sus mayores?
Me han enseñado la solidaridad y la reciprocidad entre los seres humanos y la naturaleza. Comprender esa relación es la clave de una verdadera unidad.
La selva está considerada, en su conjunto, como un solo cuerpo. Está formada por el subsuelo, el suelo, el aire, los ríos, las montañas, los seres vivos y los seres superiores que protegen estos lugares.
Todos los espacios, como las lagunas, las cascadas, los ríos, los árboles, los saladeros y los lugares sagrados, tienen sus propios protectores, que desarrollan una vida similar a la del ser humano.
La comunidad y los mayores me han enseñado a cuidar todo esto para asegurar el respeto entre los seres, proteger la naturaleza y mantener el equilibrio socioambiental.

Cuando piensa en Sarayaku, ¿qué es lo primero que le viene a la mente y qué le gustaría que más personas conocieran sobre su territorio?
Lo primero que me viene a la mente es el amor por la naturaleza y la protección de los derechos humanos.
Me gustaría que más personas conocieran nuestra cultura y nuestras tradiciones, pero, sobre todo, la manera en que interactuamos con la selva y con el territorio.
Sarayaku ha atravesado varios procesos de lucha y defensa de su territorio y de sus derechos. ¿Cómo han logrado transmitir esa historia y esos valores a las nuevas generaciones?
Hemos transmitido esta historia a los jóvenes principalmente con el ejemplo. Siempre los invitamos a participar en las reuniones y en los talleres que realizamos sobre la defensa del territorio.
También acudimos al colegio de Sarayaku para explicar la historia de nuestra lucha con el apoyo de videos y otros materiales.
Desde lo profundo del alma y del corazón les explicamos la libertad que nos dan nuestro pueblo y nuestra selva. Queremos que comprendan por qué debemos cuidarlos y defenderlos.
En ese sentido, ¿por qué es importante que las nuevas generaciones mantengan vivas la lengua, la cultura y los conocimientos ancestrales?
La lengua es nuestro idioma materno y jamás debemos olvidarlo. Nuestro idioma confirma nuestra identidad y nuestra pertenencia a un pueblo.
La historia, la cultura, el arte, la caza, la pesca, los sistemas agrícolas, la espiritualidad y la filosofía forman parte de nuestros conocimientos ancestrales. Son saberes que deben transmitirse de generación en generación.
Desde su experiencia, ¿cómo se relacionan los derechos humanos con la protección del territorio y la naturaleza?
El territorio y la naturaleza son parte de nuestra vida, de nuestra cultura y de nuestra identidad. Cuando hablamos de defender la naturaleza, hablamos de defender nuestra propia vida.
Protegemos los territorios que heredamos de nuestros antepasados porque nos permiten vivir de una manera sana. Su protección también garantiza un futuro digno para las nuevas generaciones.
¿Cómo ha cambiado la vida de los pueblos indígenas en los últimos años y cuáles son los desafíos que permanecen para ejercer plenamente sus derechos?
Somos un pueblo que permanece en resistencia y que continúa avanzando en sus propios procesos.
Nuestro desafío es fortalecer la administración y la gestión del territorio, así como el ejercicio del gobierno autónomo del pueblo originario Kichwa de Sarayaku.
Para ello, impulsamos acciones y programas basados en el Sumak Allpa, el Runakuna Kawsay y el Sacha Runa Yachay. Por medio de estos principios buscamos asegurar el Sumak Kawsay y la permanencia del Kawsak Sacha, la Selva Viviente.
¿Qué lecciones ha dejado la lucha de Sarayaku para otros pueblos y comunidades?
La lucha de Sarayaku ha dejado un legado sumamente importante para otros pueblos: la unidad, la resistencia y el aprendizaje colectivo.
Hoy existen muchos pueblos que resisten frente a las actividades de empresas mineras y petroleras. Es un proceso que también exige dialogar con los gobiernos y explicarles por qué los pueblos defendemos nuestros territorios.
Hablemos de los Centros Comunitarios de Aprendizaje y del programa piloto. ¿Qué aprendizajes considera que dejó este proceso para la comunidad?
Considero que este proceso permitió fortalecer los conocimientos de jóvenes procedentes de distintas comunidades del pueblo de Sarayaku.
Los jóvenes que participaron en el curso de Derechos Humanos adquirieron más conocimientos y herramientas para defender el territorio, la selva y los derechos humanos.
Esto es importante para el pueblo porque, en el futuro, ellos serán líderes y lideresas que estarán al frente de la comunidad.

Con este tipo de formación, ¿qué importancia tiene que las comunidades cuenten con líderes y referentes locales capacitados en derechos humanos?
Tener líderes capacitados nos brinda la oportunidad de tomar decisiones más acertadas, defender nuestros territorios y buscar soluciones de manera ordenada y respetuosa.
Estas personas también pueden transmitir lo aprendido a otros pueblos, fortalecer a las organizaciones y compartir sus conocimientos con las familias.
¿Qué papel tienen los jóvenes indígenas en la protección de sus territorios y culturas?
La participación de los jóvenes es trascendental para la protección de los territorios, las lenguas, las culturas y las tradiciones.
Ellos son quienes continuarán transmitiendo estos conocimientos a las próximas generaciones.
¿Qué significa para usted el concepto de Kawsak Sacha o Selva Viviente y por qué es relevante hoy para el mundo?
El Kawsak Sacha significa comprender la selva como un solo cuerpo. Este cuerpo está formado por el subsuelo, el suelo, el aire, los ríos, las montañas, los seres vivos y los seres superiores que protegen estos espacios.
Las lagunas, las cascadas, los ríos, los árboles, los saladeros y los lugares sagrados tienen protectores específicos. En cada uno de estos espacios existen llakta, pueblos con poblaciones llamadas runa. También son las casas y los refugios de los animales.
El equilibrio de este conjunto, de este territorio, depende de su permanencia y de su interrelación con los seres humanos que lo cuidamos.
Para el mundo, esta puede ser una nueva manera de comprender la selva. Es un conocimiento de los pueblos indígenas que actualmente despierta interés y está siendo investigado.
Si el mundo pudiera aprender una sola lección de Sarayaku, ¿cuál debería ser y por qué?
La lección sería cuidar la Selva Viviente, el Kawsak Sacha, porque en ella está nuestra vida.
La selva nos da todo lo necesario para existir. Respiramos aire puro, tenemos montañas y ríos cristalinos, compartimos entre familias, realizamos mingas comunitarias y dialogamos con nuestros mayores.
La Selva Viviente representa un equilibrio total.
Una formación que nació del territorio
Las reflexiones de Eloy Gualinga se vinculan con uno de los procesos educativos desarrollados recientemente por el PUAM en Sarayaku. Durante diez meses, 25 jóvenes y adultos, mujeres y hombres de la comunidad, participaron en el curso piloto «Visión Integral de los Derechos Humanos en la Panamazonía», impulsado por el PUAM en alianza con Jesuit Worldwide Learning, JWL.
El proceso formativo, de 160 horas, formó parte del Programa de Derechos Humanos e Incidencia de la carrera de Gestión Integral del Territorio Amazónico. El curso buscó relacionar los contenidos sobre derechos humanos, derechos de la naturaleza y derecho internacional con la historia, la realidad territorial y los procesos organizativos de Sarayaku.
En la ceremonia de culminación, realizada el 14 de marzo, los 25 participantes recibieron sus certificados en presencia de autoridades, dirigentes comunitarios, familias y representantes del PUAM. En ese encuentro, Eloy, entonces dirigente de Educación de Sarayaku, destacó que los derechos humanos no son solamente normas o leyes, sino herramientas para construir justicia y dignidad y para defender tanto a las personas como a la naturaleza.
El curso piloto también permitió sistematizar aprendizajes y reconocer que los conocimientos se construyen colectivamente, mediante la participación de estudiantes, referentes locales, docentes virtuales, familias, comunidad e instituciones. La experiencia alimentará los siguientes procesos formativos del PUAM y el desarrollo de su propuesta de educación superior técnica, construida desde y junto con los territorios amazónicos.
En las palabras de Eloy, esa formación adquiere sentido cuando los conocimientos vuelven a la comunidad y contribuyen a que las nuevas generaciones puedan continuar defendiendo su identidad, sus derechos y la Selva Viviente.
