¿Dónde comienza la casa? Habitar la Amazonía como territorio de vida

Cada primer lunes de octubre, Naciones Unidas invita a reflexionar sobre el estado de nuestros hábitats y sobre el derecho de todas las personas a una vivienda adecuada. En 2026, el lema del Día Mundial del Hábitat —“Vivienda adecuada para todas las personas”— vuelve a colocar una cuestión básica en el centro: ¿qué condiciones necesitamos para vivir con dignidad? Desde la Amazonía, esa pregunta adquiere una profundidad particular, porque obliga a interrogarnos también por dónde comienza y dónde termina nuestra casa.

Si entendemos el hábitat únicamente como vivienda, podríamos reducirlo a una edificación, un lote o un conjunto de servicios. Pero habitar es mucho más que ocupar un espacio físico. Es establecer relaciones con el lugar que hace posible la vida. En la Amazonía, el río puede ser camino, alimento, memoria y lugar de encuentro; la chacra es sustento, pero también aprendizaje y transmisión de conocimientos; el bosque provee alimentos, medicinas y materiales, al mismo tiempo que guarda historias, vínculos y significados. En diversas cosmovisiones amazónicas, estas relaciones incluyen además dimensiones espirituales que conectan a las personas con otros seres y su ancestralidad.

El Documento Final del Sínodo para la Amazonía recuerda que el agua y la tierra nutren la naturaleza, la vida y las culturas de los pueblos, y describe el “buen vivir” desde una trama de relaciones entre agua, territorio, naturaleza, vida comunitaria, cultura y espiritualidad (Sínodo de los Obispos, 2019, nn. 7-9). Esta mirada permite comprender que el territorio no es simplemente el escenario donde ocurre la vida: es parte constitutiva de ella.

Hablar así del hábitat no significa idealizar la vida amazónica ni desconocer las profundas desigualdades que atraviesan la región. Por el contrario, permite dimensionar mejor lo que está en juego cuando un río se contamina, el bosque se deforesta, una comunidad es desplazada o las transformaciones climáticas alteran los ciclos del agua y de los alimentos. El deterioro del territorio no produce únicamente pérdidas ambientales. Puede afectar medios de vida, vínculos comunitarios, prácticas culturales, conocimientos transmitidos entre generaciones, su memoria y las posibilidades mismas de permanecer en el lugar que se reconoce como hogar.

Por eso, el derecho a un hábitat digno debe pensarse también como una cuestión de justicia socioambiental. Laudato Si’ advierte que la naturaleza no puede concebirse como algo separado de las sociedades que la habitan y que “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental” (Francisco, 2015, n. 139). La vivienda adecuada es indispensable, pero difícilmente puede hablarse de un hábitat digno cuando falta agua segura, cuando las fuentes de alimento están amenazadas, cuando se debilitan las redes comunitarias o cuando las decisiones sobre el territorio se toman sin quienes lo conocen y lo habitan.

Esta comprensión interpela también a la educación. Educar en y para la Amazonía supone aprender a leer el territorio, reconocer sus relaciones e identificar tanto sus fragilidades como los conocimientos y capacidades que sostienen la vida. Para el Programa Universitario Amazónico, este desafío significa seguir promoviendo procesos formativos, de investigación y de articulación que pongan en diálogo saberes académicos y territoriales, y que contribuyan a formar personas capaces de tomar decisiones responsables frente a los desafíos socioambientales de la región. La sostenibilidad no puede ser solamente un contenido que se enseña: debe convertirse en una manera de comprender el territorio y de relacionarnos con él.

En el marco del Día Mundial del Hábitat, la Amazonía nos invita entonces a ampliar nuestra idea de casa. La casa empieza en la vivienda, pero no termina en sus paredes. Continúa en el agua que bebemos, en el suelo que cultivamos, en el bosque que regula la vida, en los caminos que conectan a las comunidades, en los conocimientos que heredamos y en las relaciones que nos permiten reconocernos como parte de un territorio.

Quizá la pregunta que esta fecha puede dejarnos no sea solamente qué viviendas necesitamos construir, sino qué relaciones necesitamos cuidar para que nuestros territorios sigan siendo habitables. Defender el hábitat amazónico es defender la posibilidad de vivir con dignidad sin romper los vínculos que hacen de un territorio un hogar.

Referencias

  • Francisco. (2015). Laudato Si’: Sobre el cuidado de la casa común. Santa Sede.
  • Naciones Unidas. (2026). Día Mundial del Hábitat.
  • Sínodo de los Obispos. (2019). Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral. Documento final.

Susana Espinosa