Hoy, 17 de noviembre, conmemoramos el Día del Ambientalista Latinoamericano. Este día representa una oportunidad de visibilizar a todas las personas y colectivos que trabajan por el cuidado y protección del medio ambiente en América Latina.
Fue establecido el año 1994 por la Confederación Latinoamericana de Organizaciones Ambientalistas (CLAM), una organización que representa a más de 500 organizaciones ambientales de toda la región. El marco de este hecho es el reconocimiento a los movimientos ambientales Latinoamericanos en la Conferencia de Naciones Unidas de 1992 sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Rio de Janeiro. Dichos movimientos tienen su raíz en el interés social por la conservación, la regeneración de los recursos naturales, preservación de la vida silvestre y el movimiento para reducir la contaminación.
Por tanto ¿quién es un ambientalista?
Ambientalistas pueden ser profesionales, educadores, científicos, políticos, activistas de la sociedad civil, personas o grupos indígenas, afrodescendientes, cualquier ciudadano de a pie que realiza acciones en favor del cuidado y protección del medio ambiente.
Sin embargo, es importante dirigir especialmente la mirada a las personas, mujeres y hombres sencillos, pueblos indígenas, campesinos de diferentes grupos étnicos y sociales, que desde sus formas de vida, sus cosmovisiones nos brindan una nueva visión de la relación entre las personas y los bienes de la naturaleza. Estas poblaciones son las que guardan una sensibilidad más viva sobre la destrucción del medio ambiente, y quienes también ponen la carne de su vida en la defensa y protección de sus territorios.
Ser ambientalista implica responsabilidades y consecuencias en distintos niveles que aún una gran proporción de la población no termina de asumir para su vida. El asesinato de ambientalistas que son defensores del medio ambiente es una de las formas más extremas de concreción de estas consecuencias. De acuerdo al Global Witness (2024), en el 2023 la región americana registró el 85% de los asesinatos de personas defensoras del medio ambiente a nivel mundial, siendo Brasil, Colombia, Honduras y México los países que encabezan estas cifras.
Vale esta conmemoración para destacar la mirada integral que el Papa Francisco ha entregado a la humanidad en el pensamiento de la Iglesia sobre la ecología y la defensa del ambiente en la encíclica Laudato si’. Él nos habló de una ecología integral, donde nos reitera que la tierra es una herencia común, y que cuyos frutos deben beneficiar a todos. Aún más, nos recuerda que todo planteo ecológico debe incorporar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos de todas las personas, especialmente los más excluidos y postergados (No. 93). Es así que afirma que solo hay una compleja crisis socioambiental (No. 139). Por tanto, toda acción por el medio ambiente ha de ser con las personas afectadas por los daños ambientales, desde ellas y para ellas.
En la coyuntura de la celebración de la COP30 – Amazonía en Belém, Brasil, la voz de los principales ambientalistas, es decir, las poblaciones indígenas, debe ser escuchada, es urgente, una deuda y su derecho. Como dice la campaña que impulsan las organizaciones indígenas de Brasil, “La respuesta somos nosotros”. Todavía las sociedades urbanizadas no terminamos de validar y aprender de las formas de vida y la episteme ancestral de los pueblos indígenas y campesinos. Ellos nos aventajan en la conciencia y experiencia de interconexión e interdependencia con todos los seres que nos rodean. El paradigma antropocéntrico claramente nunca ha sido la forma como han mirado su relación con la naturaleza, es la cultura occidental la que no termina por superarlo y transformarse e integrar los saberes de los pueblos.
Desde el Pacto Educativo Global, el Papa Francisco reiteró que las universidades deben promover el diálogo y reflexión sobre cómo estamos construyendo la casa común y el futuro del planeta; a innovar desde la realización de trabajos de investigación común, en diferentes temáticas, entre ellas, la de Tecnología y ecología integral.
El compromiso del PUAM
Como Programa Universitario Amazónico, que estará próximamente impulsando el la carrera de tercer nivel técnico-tecnológico, llamada Gestión Integral del Territorio Amazónico (GINTA), asumimos el pensamiento de la Iglesia sobre la ecología y defensa del ambiente, para aportar a un desarrollo sostenible e integral. De esta forma, la carrera integra temáticas que ponen al centro las territorialidades de la Panamazonía, los derechos de los pueblos amazónicos, derechos de la naturaleza, derechos ambientales, protección del ambiente, entre otras, que desde una perspectiva de derechos humanos, decolonial e intercultural, buscará fortalecer las capacidades de jóvenes y liderazgos amazónicos que, históricamente, han sido excluidos de la oportunidad de acceder a una educación universitaria.
Los Centros Comunitarios de Aprendizajes, componentes esenciales del modelo del PUAM, que se ubicarán en comunidades locales en determinadas áreas territoriales de la Panamazonía, serán los focos para amplificar la voz, experiencia, y saberes culturales y comunitarios, para fortalecer el diálogo intercultural al tiempo que se fortalecen también las identidades propias, y las capacidades para la participación en procesos de transformación territorial y su compromiso con el cuidado del medio ambiente, de la vida.
Como PUAM, deseamos proponer e innovar desde el reconocimiento de la crisis global actual que transitamos, junto a la población del territorio Panamazónico, en la formación de liderazgos comprometidos para madurar la solidaridad entre sociedades y avanzar en la construcción de soluciones conjuntas a los desafíos que tenemos como humanidad y región Panamazónica.
Como indica el Pacto Educativo Global, “todo cambio necesita un camino educativo” para hacer madurar una nueva solidaridad universal que permita una vida más plena para todos los seres vivos de este planeta.









